smart young female student looking away thoughtfully during lesson in college
ABUNDANCIA Y PROPÓSITO

¿Dónde estudiar?

La educación formal ¿Vale la pena?

young lady speaking with unrecognizable female teacher during lesson
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En la actualidad, un título no es garantía de una carrera exitosa y los conocimientos que adquirimos pueden ser obsoletos al cabo de 5 años.

Todos sabemos que el sistema educativo en muchos aspectos, parece estancarse frente a los avasallantes cambios del mundo actual.

Sin embargo, más allá de debatir cómo debería ser el sistema ideal, quiero centrarme en si la educación formal continúa valiendo la pena.

Sin perder de vista que el progreso de nuestras generaciones y las venideras, pasa por su mejora.

Una educación que prepara para la vida

Así, admito que sería una incoherencia decir que no creo en la educación formal, porque fui educada en ella y en mi adultez decidí continuar mi formación en el sistema.

Haciendo la salvedad que, ya no con la expectativa de generaciones pasadas, en el cual a mayor formación, mejores oportunidades laborales y de ingresos.

Sino con el firme propósito de que las experiencias vividas en su entorno, más allá del conocimiento adquirido, me prepararan para la vida misma.

Es preciso en este contexto, donde puedo afirmar que creo en ella, pues tuve la suerte de educarme en instituciones de libre pensamiento.

Donde hubo respeto por la diferencia y se permitía la rebeldía, entendida esta como el resultado del cuestionamiento y la inconformidad.

En un entorno que, fomentaba el pensamiento crítico dentro de un ambiente de tolerancia frente a los diversos puntos de vista.

Así, el debate me obligaba a comunicar con claridad una idea, que por consecuencia impulsaba mi curiosidad para no conformarme con una sola explicación.

Con un deseo por soportar de mejor manera mis argumentos y encontrar en la creatividad, un medio de cambio para plantear nuevas soluciones y crear otras posibles realidades.

Educación con un alto nivel de disciplina y exigencia, que me brindaron la oportunidad de aprender que mis decisiones tienen consecuencias.

A ser más resiliente pues, no hay otra forma posible de aprender a sobreponerse a la frustración, a fortalecer el carácter y ver los problemas como retos.

Así mismo, fue este también el espacio donde entendí que se pueden crear sinergias y que los resultados en conjunto son mejores y más satisfactorios que los individuales.

A generar empatía por los demás, a participar en causas sociales, a hacer entrañables amigos y conocer inolvidables maestros que me inspiraron.

Inspiración para creer en mí misma, ser mejor y entender qué significaba tener valores, actuar con ética y querer contribuir de forma positiva a la sociedad.

Una educación que va más allá de los conocimientos

Así que, si la educación que recibes o quieres recibir, va más allá de los simples conocimientos y promueve el libre pensamiento.

Además, implica el desarrollo de competencias cognitivas, sociales y prácticas que te permiten tomar decisiones informadas.

Te ayuda a interiorizar el aprendizaje como una habilidad permanente, te capacita para comunicar de forma eficaz y desenvolverte en un mundo global.

Y te prepara para asumir la incertidumbre y la complejidad del mundo actual, has respondido a la pregunta de dónde estudiar.

Al final, no son solo los conocimientos, sino estas experiencias educativas, las que nos inspiran y potencian nuestra capacidad de tener una vida más satisfactoria.

Motivándonos a liderar la transformación positiva de las sociedades donde vivimos y crear desde el presente, el futuro que queremos vivir y que deseamos tengan nuestra futuras generaciones.

“El Aprendizaje es Experiencia, todo lo demás es Información”

Albert Einstein

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