MAMÁS

LOS MIEDOS COMO MAMÁ

Esta foto me trae un vívido recuerdo, el primer día de colegio de mi hija y creo que es un día en el cual como mamá me asaltaron todos mis miedos, desde si el conductor manejaría bien el bus, temía un accidente, me preguntaba si mi hija se iba a sentir bien en esta nueva escuela, si tendría frio, si iba a hacer amigos, si se comería su merienda y fue inevitable que mi cerebro me mantuviera pensando en ello toda la mañana.

Romper con este patrón de inquietud había empezado para mí años atrás, como lo relato en mi primer libro, ya que en algún momento de mi vida pude ser consciente que mi malestar emocional provenía de la preocupación constante. Al ser madre, esta percepción permanente de peligrosidad resurgió, recreando en mi mente los peores escenarios.

Para mi fortuna, pude darme cuenta a tiempo que todas las preocupaciones en nuestra vida tienen su origen en el miedo; temor a la pérdida que mal gestionado puede llevarnos al apego y que como mamá me podía llevar a la sobreprotección, al sobrevalorar los riesgos y al mismo tiempo infravalorar la capacidad de mi hija y mía para afrontarlos.

Comprensión con la cual hoy sé, que las preocupaciones no dejarán de llegar pero, al ser consciente de ello, mi atención ya no va a todo aquello que no puedo controlar y permito a mi hija vivir a plenitud, posibilitando que tome decisiones, confiando en su capacidad de hacer las cosas, para que pueda superar sus propios retos, aprender de ellos y ser independiente.

Así, tengo la certeza de que, en quien más debo trabajar es en mí misma, para tener un claro límite de lo que es proteger a mi pequeña, sin coartar la autonomía que le permita fortalecer su autoestima, para no confundir el apego que surge del miedo, con el amor que surge de la confianza y el sosiego.

Photo by Omid Armin on Unsplash

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