BALANCE

LA DISCRIMINACIÓN EN NUESTRA COTIDIANIDAD

El Día de la Cero Discriminación se celebra cada año, el 1 de Marzo.

Dar fin a la discriminación requiere cambios transformadores que empiezan por nosotros mismos y el Día de la Cero Discriminación es un buen recordatorio de lo mucho que aún tenemos por trabajar.

¿Qué podemos hacer como individuos con un problema tan complejo como este?

Si bien es cierto que muchas cosas escapan a nuestro control, nuestro aporte, puede ser mucho más del que pensamos.

Pues así, la mayoría de nosotros, rechacemos de forma racional, cualquier forma de discriminación y apelemos a nuestra imparcialidad para actuar; de forma imperceptible, categorizamos todo lo que vemos, y las personas no escapan a esta clasificación.  

Mecanismo de pensamiento que, aún siendo normal, al involucrar en el proceso nuestras creencias, hace que entren a escena las generalizaciones de los diferentes grupos de personas.

Lo que nos lleva además a creer que, nosotros tenemos superioridad moral o intelectual sobre otros, por los simples preconceptos que tenemos.

Sacando así a la luz, todos los prejuicios inconscientes que albergamos, que nos condicionan a vivir en un ambiente de desconfianza hacia los demás.

Sintiendo un sinnúmero de emociones negativas y un rechazo automático por las personas, incluso sin conocerlas.

Lo que se hace evidente cuando hacemos comentarios destructivos, tenemos actitudes excluyentes o adoptamos comportamientos evasivos o que los ponen en desventaja.

Perpetuando sin percatarnos, los contextos, el sistema y las formas de discriminación, que tanto deseamos que desaparezcan.

Ser conscientes de nuestro propio sistema de creencias.

Es por ello por lo que empezar a ser conscientes de nuestro propio sistema de creencias sociales y familiares, es un primer paso para despojarnos de la ansiedad, las actitudes defensivas y la rabia.

Para tener una visión imparcial y poder crear de forma intencional los espacios de tiempo y lugar que propicien unas interacciones más humanas.

Con una intención genuina de conocer al otro, sin buscar reafirmar, los prejuicios que tenemos para, relacionarnos de forma más armoniosa.

Permitiéndonos el placer de tener una vida más rica a través de la diversidad y construir, una sociedad más pacífica, equitativa y vibrante, cuando en vez de atacar, celebramos nuestras diferencias.

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