MAMÁS

Qué se siente ser una mamá en la pandemia

Nuestra maternidad se ha transformado

Desde que inició la pandemia, no sé cuándo estoy más cansada si cuando me acuesto o cuando me levanto. Este sin duda, ha sido un periodo sinónimo de días sin descanso.

Situación que, como nunca, me atrevo a afirmar que, a todas las madres, nos ha puesto a prueba y nos ha retado.

Así, hay días que crees que no puedes más pero, pese a todo, encuentras la manera, sacas la fuerza y sigues adelante.

Pues sabes, que no hay mucho que podamos hacer para cambiar la situación, entonces, lidias con las circunstancias que hay que vivir y te adaptas.

Afinando las habilidades que ni sabias que tenías, echando mano de todos los recursos disponibles y haciendo lo mejor que puedes hacer.

Justo por ahí, por admitir que solo podemos hacer lo mejor que podemos, es por donde creo que nuestra maternidad se ha transformado, dejando a un lado el perfeccionismo.

Abandonando el ideal de mamá perfecta que nuestra sociedad ha creado. Estereotipo de superheroína, reafirmado por la publicidad y las redes.

Estándar irreal que asume que debemos ser siempre fuertes, felices, realizadas, capaces de todo y por si fuera poco, lucir bellas.

Ideal que, sin darnos cuenta, vamos interiorizando y nos hace daño, al poner más presión y estrés en nuestro día a día.

Generándonos culpa, cuando creemos que no cumplimos con este arquetipo y abonando el terreno para que bajo este parámetro las madres seamos juzgadas.

Sin embargo, la pandemia no nos ha dado tregua y con ello, parte de poder acoplarse y avanzar, ha sido admitir que,

No somos, ni nunca seremos perfectas

Somos de carne y hueso como todos los demás, no sabemos ni podemos hacer todo y nos equivocamos, nos descontrolamos y también nos agotamos.

Lo que puede no parecer mucho pero, es liberador, porque nos permite desprendernos de la culpa para, aceptarnos con nuestra capacidades y nuestras limitaciones.

Siendo madres más humanas y reales para nuestros hijos

Permitiéndoles conocer quiénes somos en realidad. lo que se ha logrado en parte con la pandemia, a través de la convivencia 24/7.

Convivencia en la cual hemos disfrutado de muchos gratos momentos en compañía de nuestros hijos, así como también de momentos de tensión.

Sin tiempo para ocultar la tristeza, la rabia o la frustración. Pues, nuestros hijos nos han visto estresadas, gritar, acelerarnos o admitir que estamos cansadas.

Una faceta de nosotros que tal vez, antes de la pandemia no veían con tanta frecuencia, porque tratábamos siempre de poner nuestra mejor cara frente a ellos.

Sin embargo, estas circunstancias nos han desnudado y nos han revelado ante ellos tal cual somos, genuinas.

Algo que tal vez, de no haber ocurrido esta situación, no nos hubiéramos nunca permitido, con el beneficio de que ser auténticas, genera mayor empatía.

Construyendo relaciones más cercanas con nuestros hijos, basadas en el amor, la confianza y la honestidad que genera ser, quienes somos.

Escucha tu corazón, ¡lo estás haciendo bien! Eres especial y amada por todo lo que haces a diario.


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