MAMÁS

PARA TU PEQUEÑO, TODO ES NUEVO.

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Siempre que mi pequeña siente temor ante algo nuevo, intenta hacer algo que nunca había hecho o pregunta, ¿Qué es eso? ¿Cómo se dice? ¿Por qué? Caigo en la cuenta que para ella todo es desconocido y apenas está descubriendo el mundo.

Así es como, intento imaginar cómo se puede sentir a su corta edad, sí como adultos la incertidumbre nos genera temor, inseguridad, estrés y ansiedad. Con ello logro tener mayor empatía y poner todo en perspectiva.

Para anticiparme a explicarle qué esperar, responder a sus preguntas con detalle, simples palabras y paciencia; reafirmar que sentir temor ante lo desconocido está bien, que todos sentimos miedo y enseñarle a gestionarlo.

Así, sabe que aunque no puedo desaparecer el temor que siente, estoy a su lado para abrazarla y apoyarla siempre que lo necesite, y enseñarla a diferenciar que en la mayor parte de las veces no se encuentra ante un peligro real y confiar en que pese a  sentir el miedo, puede actuar para superarlo, sin que este le impida vivir a plenitud su vida.

MAMÁS

¿QUÉ ES UNA MAMÁ PERFECTA?

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Cuando me estrené como madre me asaltaron miles de dudas e inseguridades. ¿Mi hija está segura? ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Habrá comido lo suficiente? ¿Esta respiración será normal? y un sinnúmero de preguntas más. Dudas que a medida que me sentía más cómoda como mamá, se fueron disipando.

Lo que no esperaba, fue el volumen de  mensajes de todo tipo y provenientes de todas las fuentes, acerca de lo que se supone que una buena madre debe ser y cómo debe criar a sus hijos. Personas cercanas y extrañas, padres y no padres, madres y no madres, expertos y no expertos, parecían tener una opinión al respecto.

Con lo cual deduje que, como en otros papeles de mi vida como mujer, en este tampoco me iba a escapar de los juicios, las críticas y las opiniones, que lejos de aportar, solo golpeaban mi autoestima, subestimaban mi labor y desvalorizaban mi género.

Por fortuna, supe reconocer que debía alejarme de todo este tipo de mensajes, para no correr el riesgo de caer en este estereotipo creado de “mamá perfecta” y por el contrario, reafirmar mi capacidad para elegir la forma en la cual quería vivir mi vida, interactuar con mi familia y tomar mis propias decisiones acerca de cómo criar a mi hija.

Por ello no temo que mi hija me vea fallar, llorar, fracasar, sentirme abrumada, sepa que no sé todo, que no siempre estoy glamorosa, que a veces necesito ayuda y me vea pedirla, que puedo ser impaciente y enojarme y que, aunque quisiera, no soy una chef ni una pastelera experta. Soy humana y soy vulnerable.

Ahora sé que las mejores respuestas siempre están en mi interior, actúo con amor y doy lo mejor; con la tranquilidad de que lejos de ser perfecta, soy yo, una madre real para mi hija.

Photos by The Honest Company on Unsplash

MAMÁS

UNA HIJA FELIZ

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Uno de los anhelos que tengo como madre, es que mi hija sea feliz. Que pueda descubrir quién es, para qué vino a este mundo y pueda ser ella misma. En lo que, su felicidad, se ha convertido en mi prioridad.

Entre tantas opciones y decisiones que tomar, sin duda, es una tranquilidad establecer esta como prioridad. Recordando propiciar cada día, un ambiente de alegría, optimismo y confianza.

Siendo consciente de mis propias emociones, para actuar con intencionalidad. Habilidad que aprendí, a través del proceso de convivir con una enfermedad crónica, tomando la decisión de no dramatizar la vida, para restablecer el balance, momento a momento, día a día.

Enfermedad que además, me enseñó que el dolor es inevitable en la vida pero, el sufrimiento es opcional. Por ello, sé que no puedo evitar el dolor en la vida de mi hija pero, confío darle las herramientas para que enfrente sus propios desafíos. Entendiendo que la felicidad no depende de nuestras circunstancias, de nada externo, ni es una meta futura que debamos alcanzar.

Por ello sin reprimir lo que sentimos y ser falsamente positivos, si espero que en mi hogar, ella pueda conocer cómo es la vida en todas sus facetas, dentro de un entorno emocional sano, rodeado de mucho amor y buen humor, para que aprenda a ver el lado favorable, pese a la adversidad y a asumir los errores, los fracasos y las dificultades, como oportunidades de mejora, cambio y crecimiento.

Encontrando satisfacción en lo que es, hace y tiene, para que pueda enamorarse de su vida y sentir que esta, ¡merece la pena vivirla!

Photo by Artur Aldyrkhanov on Unsplash

 

MAMÁS

COMO MAMÁ, APRENDO Y ENSEÑO A VALORAR LA DIFERENCIA.

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El respeto a sí misma y a los demás, es uno de los valores que considero más importantes en la educación de mi hija.  Deseo que ella valore la diferencia y enriquezca su vida con la diversidad, a partir de aceptar, respetar y apreciar su propia individualidad.

Como mamá, simultáneamente aprendo a hacerlo, ya que aunque me considero una persona respetuosa y tolerante, me deleito al ver a mi hija jugar de inmediato con otros niños, sin reparar nada.

Pude ser consciente entonces, de cuánto yo misma necesitaba aprender a valorar la diferencia pues, es una lástima pero, como adulta estoy cargada de prejuicios automáticos e inconscientes, de lo que creo es bueno o malo y forma parte de la manera en el cual me relaciono.

Parámetro desde donde comparo y juzgo a los que considero diferentes, a través de pequeñas acciones cotidianas y en apariencia, inofensivas; como examinar, censurar, murmurar, satirizar o reprobar por la apariencia, la forma de pensar, las costumbres, los comportamientos o las creencias, generando sesgo de la realidad.

Hoy, consciente de ello y con un compromiso honesto, evito juzgar, para permitirme ver el mundo desde una nueva perspectiva y poder sentir como lo hacen los demás, para ser capaz de generar la empatía necesaria para superar mis prejuicios y poder aceptar, respetar, apreciar y enriquecer mi vida con la diversidad que el mundo tiene.

Así, confío en que mi hija aprenderá a valorar la diferencia, si yo misma lo hago, ya que cobra mayor importancia lo que hacemos, que lo que decimos y esta es realmente una manera de impactar su crianza, cuando soy coherente.

Photos by ketan rajput and  Ben Wicks on Unsplash

MAMÁS

MAMA PRESENTE

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Hace un tiempo, sentía que las horas se desvanecían, los días se me escapaban y los meses volaban. Con miles de metas por alcanzar y pendientes por cumplir pero, sin tiempo para lo irrelevante y mucho menos para lo importante. Con una necesidad de vivir siempre deprisa, ocupada e hiperconectada.

Así, cuando finalizó mi licencia de maternidad y debí regresar a trabajar, tenía un sentimiento de culpa, por no pasar más tiempo con mi hija, que intentaba compensar a través de lo que llaman, tiempo de calidad. Tiempo, que para ser honesta no apaciguaba este sentimiento de culpa.

Luego, descubrí por qué. Pese al tiempo que pasaba con ella, sentía que este no era suficiente y la culpa no desaparecía. La razón era que como en muchos otros momentos de mi vida, no estaba realmente presente.

Mientras intentaba conectar con mi hija, la tecnología se inmiscuía casi en cada segundo de mi vida. Así, de manera imperceptible, fui formando parte de mi cotidianidad, hábitos como interrumpir mis charlas o mis actividades por una notificación, un correo electrónico, un mensaje o una llamada.

Decidí entonces utilizar la tecnología a mi favor, para desconectar; teniendo como resultado, más espacios en “modo avión”, con más presencia en mi vida y en la de mi hija. Lapsos de tiempo, que hoy son mágicos, invaluables, memorables y sagrados.

Photos by Sai De Silva on Unsplash

MAMÁS

EL TIEMPO FUERA ES PARA MAMÁ

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Como mamá, me he volcado muchas veces en la crianza de mi hija, olvidándome por momentos de mí misma. De que soy mujer, de que soy pareja, de que pertenezco a una comunidad, de que tengo proyectos personales que realizar y de que tengo mucho que aportar.

Sin embargo, un día escuché que nuestros hijos no nos escuchan, nuestros hijos nos ven. Entonces, reflexioné, ¿Quién era la mujer que quería que mi hija viera en mí?

Así, decidí tomar un tiempo fuera cada día. Tiempo fuera para mí misma, para emprender mis proyectos, para meditar, hacer yoga, tomar un café con amigas, un vino con mi esposo, disfrutar espacios de silencio.

Encontrando que al dedicarme este tiempo, más compasión y empatía tengo por mí misma, más me conozco, tengo mayor consciencia, aprendo cada día y crezco.

Así es como, desde el amor propio y la paz interna que siento, en mayor disposición estoy de compartir tiempo de calidad con mi hija, más agradecida estoy de tenerla en mi vida, más disfruto cada momento de su compañía, con mejor actitud asumo los desafíos y más orgullosa me siento de la mujer y madre que mi pequeña ve cada día.

Photos by Amelia Bartlett and Toa Heftiba on Unsplash

MAMÁS

SOY MAMÁ, SOLO SÉ QUE NADA SÉ…

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No importó cuánto me anticipé, planee, leí o intenté estar lista para la llegada de mi hija. En ese momento sentí que nada pudo prepararme para este cambio en mi vida, un sinnúmero de emociones intensas mezcladas y el sentimiento de amor en su estado más puro por este pequeño ser, que irrumpió con una fuerza avasallante en mi vida, cambió por completo mis prioridades, acaparó toda mi atención y trasformó por completo mis rutinas.

Sin embargo, con el pasar de los días, las semanas y los meses emergieron la fortaleza, la seguridad y la capacidad que ni siquiera sabía que tenía y justo cuando me sentía más confiada, dominaba más ámbitos y retomaba el control, mi pequeña empezó una nueva etapa, que nuevamente me retaba, me desorientaba y me hacía reiniciar el proceso para reinventar mi crianza y mis rutinas.

Así han transcurrido los 5 años más felices, caóticos, mágicos y extraordinarios de mi vida, donde lo único que sé es que cada día con un profundo amor, hago lo mejor que puedo hacer y doy lo mejor que puedo dar, en una disposición permanente de aprender de esta maravillosa bendición de ser Mamá.

Soy Mamá, solo sé que nada sé.

Photos by Wesley Tingey  and Jonathan Gallegos on Unsplash

 

MAMÁS

LA VIDA QUE EMPIEZA CON UNA HIJA

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Tras varios años de matrimonio era usual la pregunta de: ¿Para cuándo un hijo? y lo que en principio era molesto, al final hasta nos resultaba cómico, al recibir incluso recomendaciones sobre médicos especialistas en fertilidad, ya que muchas personas asumían que teníamos problemas para concebir un hijo.

La realidad es que aunque no habíamos tomado una decisión al respecto, éramos plenamente conscientes de que al tener un hijo, este merecía todo nuestro amor y dedicación y en esta etapa de nuestras vidas, nuestra atención se centraba en nuestras carreras profesionales.

Aplazamiento de una decisión de vida, que sin lugar a dudas, nos dio tiempo para disfrutar y fortalecer nuestra relación de pareja. Fue así, como transcurrió rápidamente el tiempo y personalmente empecé a pensar en la maternidad alrededor de los 35 años, lo que luego se convirtió en una decisión de pareja.

De esta manera, nuestra hija fue muy deseada, amada y esperada, e incluso, ahora reconozco como madre una sensación especial, que es difícil explicar con palabras pero, que en su momento sentí como si fuera un llamado especial del universo, con una señal muy clara, que al final hizo posible este encuentro de amor con nuestra hija.

Así, con su llegada, tuve y tengo la certeza de que todo es como debe ser y que nada sucede por casualidad en nuestras vidas.

Photos by Simon Matzinger and kids&me Germany on Unsplash