BALANCE

Empieza cada día con una intención

Ante los grandes cambios que estamos viviendo, como todos, estoy lidiando con las nuevas prioridades, rutinas en familia, escuela en casa, los quehaceres diarios, adaptándome y tratando de sacar el tiempo para continuar con mis proyectos personales. Lo que además intento acompañar de una sana gestión de emociones.

Así, en este proceso recordé el poder que tiene empezar el día con una intención, basada en como quiero sentirme y lo que quiero atraer en mi vida en este momento, que me ayude a elegir mis pensamientos, tomar mejores decisiones y redirigir mis acciones, enfocando toda mi energía hacia lo importante.

Evadiendo además, el apego a lo que mi vida era hasta hace unos pocos días, para asimilar lo que es hoy, de una manera más positiva, viviendo el momento; sin estar esperando que todo regrese a lo que consideraba era la normalidad. 

Este nuevo acercamiento, me ha permitido reducir el agobio que sentí durante los primeros días del confinamiento y encauzarme a tener unos días provechosos, logrados y con mucha más paz interior, porque de nuevo mi acción empezó a estar alineada con mi propósito.

Photos by Ben White on Unsplash

MAMÁS

Lo que recordarán nuestros hijos.

Caótica y agotadora, creo que estas palabras resumen las primeras semanas de cuarentena para los que somos padres. Adaptándonos a la educación en casa, dedicando mucho tiempo a nuestros hijos, trabajando en los ratos que podemos hacerlo, sin olvidar todos los quehaceres que demanda el hogar.

Pese a lo inusual, desafiante y abrumadora de la situación, la mayoría hemos echado mano de nuestra resiliencia, hemos sacado nuestros recursos y con coraje, mucho amor y buen humor, vamos saliendo adelante.

Así, proteger nuestra propia salud física, mental y emocional debe ser nuestra prioridad, para construir un ambiente sano para nuestras familias y poderles transmitir, confianza, calma y seguridad en estos momentos.

Si nosotros estamos bien, nuestra familia estará bien, y con certeza lo que están aprendiendo de nosotros en este momento, será un legado invaluable en sus vidas, y tal vez la puedan recordar como una etapa poco habitual pero, plagada de buenos recuerdos en familia.

De nosotros depende tener esa consciencia.  

Photo by Jonathan Borba and Allen Taylor on Unsplash

MAMÁS

LAS EXPECTATIVAS QUE PONGO EN MI HIJA

Como mamá espero que mi hija sea feliz, realizada, independiente y respetuosa y sé que aunque su carácter y su personalidad son muy definidos, me es inevitable influir en ella, a través de la forma en que me comporto, las actitudes que asumo, las decisiones que tomo, las opiniones que tengo y como actúo.


Por ello, cuando reflexiono sobre las expectativas que pongo en ella, siempre trato de mirar hacia dentro, ya que a mí me tomó gran parte de mi vida darme cuenta que la mayor parte de mis expectativas las definía desde mi ego de cómo, cuándo y dónde deberían suceder las cosas y desde lo que, basada en mis percepciones, creencias, opiniones y juicios yo consideraba que era “lo bueno”.


Expectativas que me generaban ansiedad, porque esperaba que la vida funcionara como yo la había planeado y quería, siendo inflexible y negándome a ver todo el mundo de posibilidades que tenía a la mano.


Así, con mi hija trato de ser consciente de las expectativas que tengo y como las expreso en el presente, ya que aunque pueda tener la mejor intención, es importante cuestionarme si estas son reales y coherentes, o son imposiciones. Con esta consciencia, espero permitirle ser quien es y no lo que yo espero que ella sea.

Photos by S&B Vonlanthen and Morgan Lane on Unsplash

MAMÁS

5 Formas de Facilitar su Independencia

Al finalizar encontrarás todos los links de los artículos que les facilitan estas cotidianas tareas.

  • Ropa y zapatos cómodos que se puedan quitar y poner solos.
  • Permitirles que preparen y lleven su mochila con lo que necesitan.
  • Colocar sus platos, vasos y cubiertos a la mano.
  • Ubicar los alimentos saludables como frutas, verduras, pan, yogurt, etc. a la vista; lavados, desinfectados, cortados y a su alcance.

  • Disponer de todos los utensilios de aseo que les permitan realizar sus tareas de higiene.

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Photos by Gabriela Braga and  Daiga Ellaby on Unsplash

MAMÁS

LOS MIEDOS COMO MAMÁ

Esta foto me trae un vívido recuerdo, el primer día de colegio de mi hija y creo que es un día en el cual como mamá me asaltaron todos mis miedos, desde si el conductor manejaría bien el bus, temía un accidente, me preguntaba si mi hija se iba a sentir bien en esta nueva escuela, si tendría frio, si iba a hacer amigos, si se comería su merienda y fue inevitable que mi cerebro me mantuviera pensando en ello toda la mañana.

Romper con este patrón de inquietud había empezado para mí años atrás, como lo relato en mi primer libro, ya que en algún momento de mi vida pude ser consciente que mi malestar emocional provenía de la preocupación constante. Al ser madre, esta percepción permanente de peligrosidad resurgió, recreando en mi mente los peores escenarios.

Para mi fortuna, pude darme cuenta a tiempo que todas las preocupaciones en nuestra vida tienen su origen en el miedo; temor a la pérdida que mal gestionado puede llevarnos al apego y que como mamá me podía llevar a la sobreprotección, al sobrevalorar los riesgos y al mismo tiempo infravalorar la capacidad de mi hija y mía para afrontarlos.

Comprensión con la cual hoy sé, que las preocupaciones no dejarán de llegar pero, al ser consciente de ello, mi atención ya no va a todo aquello que no puedo controlar y permito a mi hija vivir a plenitud, posibilitando que tome decisiones, confiando en su capacidad de hacer las cosas, para que pueda superar sus propios retos, aprender de ellos y ser independiente.

Así, tengo la certeza de que, en quien más debo trabajar es en mí misma, para tener un claro límite de lo que es proteger a mi pequeña, sin coartar la autonomía que le permita fortalecer su autoestima, para no confundir el apego que surge del miedo, con el amor que surge de la confianza y el sosiego.

Photo by Omid Armin on Unsplash

MAMÁS

PARA TU PEQUEÑO, TODO ES NUEVO.

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Siempre que mi pequeña siente temor ante algo nuevo, intenta hacer algo que nunca había hecho o pregunta, ¿Qué es eso? ¿Cómo se dice? ¿Por qué? Caigo en la cuenta que para ella todo es desconocido y apenas está descubriendo el mundo.

Así es como, intento imaginar cómo se puede sentir a su corta edad, sí como adultos la incertidumbre nos genera temor, inseguridad, estrés y ansiedad. Con ello logro tener mayor empatía y poner todo en perspectiva.

Para anticiparme a explicarle qué esperar, responder a sus preguntas con detalle, simples palabras y paciencia; reafirmar que sentir temor ante lo desconocido está bien, que todos sentimos miedo y enseñarle a gestionarlo.

Así, sabe que aunque no puedo desaparecer el temor que siente, estoy a su lado para abrazarla y apoyarla siempre que lo necesite, y enseñarla a diferenciar que en la mayor parte de las veces no se encuentra ante un peligro real y confiar en que pese a  sentir el miedo, puede actuar para superarlo, sin que este le impida vivir a plenitud su vida.

MAMÁS

¿QUÉ ES UNA MAMÁ PERFECTA?

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Cuando me estrené como madre me asaltaron miles de dudas e inseguridades. ¿Mi hija está segura? ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Habrá comido lo suficiente? ¿Esta respiración será normal? y un sinnúmero de preguntas más. Dudas que a medida que me sentía más cómoda como mamá, se fueron disipando.

Lo que no esperaba, fue el volumen de  mensajes de todo tipo y provenientes de todas las fuentes, acerca de lo que se supone que una buena madre debe ser y cómo debe criar a sus hijos. Personas cercanas y extrañas, padres y no padres, madres y no madres, expertos y no expertos, parecían tener una opinión al respecto.

Con lo cual deduje que, como en otros papeles de mi vida como mujer, en este tampoco me iba a escapar de los juicios, las críticas y las opiniones, que lejos de aportar, solo golpeaban mi autoestima, subestimaban mi labor y desvalorizaban mi género.

Por fortuna, supe reconocer que debía alejarme de todo este tipo de mensajes, para no correr el riesgo de caer en este estereotipo creado de “mamá perfecta” y por el contrario, reafirmar mi capacidad para elegir la forma en la cual quería vivir mi vida, interactuar con mi familia y tomar mis propias decisiones acerca de cómo criar a mi hija.

Por ello no temo que mi hija me vea fallar, llorar, fracasar, sentirme abrumada, sepa que no sé todo, que no siempre estoy glamorosa, que a veces necesito ayuda y me vea pedirla, que puedo ser impaciente y enojarme y que, aunque quisiera, no soy una chef ni una pastelera experta. Soy humana y soy vulnerable.

Ahora sé que las mejores respuestas siempre están en mi interior, actúo con amor y doy lo mejor; con la tranquilidad de que lejos de ser perfecta, soy yo, una madre real para mi hija.

Photos by The Honest Company on Unsplash

MAMÁS

UNA HIJA FELIZ

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Uno de los anhelos que tengo como madre, es que mi hija sea feliz. Que pueda descubrir quién es, para qué vino a este mundo y pueda ser ella misma. En lo que, su felicidad, se ha convertido en mi prioridad.

Entre tantas opciones y decisiones que tomar, sin duda, es una tranquilidad establecer esta como prioridad. Recordando propiciar cada día, un ambiente de alegría, optimismo y confianza.

Siendo consciente de mis propias emociones, para actuar con intencionalidad. Habilidad que aprendí, a través del proceso de convivir con una enfermedad crónica, tomando la decisión de no dramatizar la vida, para restablecer el balance, momento a momento, día a día.

Enfermedad que además, me enseñó que el dolor es inevitable en la vida pero, el sufrimiento es opcional. Por ello, sé que no puedo evitar el dolor en la vida de mi hija pero, confío darle las herramientas para que enfrente sus propios desafíos. Entendiendo que la felicidad no depende de nuestras circunstancias, de nada externo, ni es una meta futura que debamos alcanzar.

Por ello sin reprimir lo que sentimos y ser falsamente positivos, si espero que en mi hogar, ella pueda conocer cómo es la vida en todas sus facetas, dentro de un entorno emocional sano, rodeado de mucho amor y buen humor, para que aprenda a ver el lado favorable, pese a la adversidad y a asumir los errores, los fracasos y las dificultades, como oportunidades de mejora, cambio y crecimiento.

Encontrando satisfacción en lo que es, hace y tiene, para que pueda enamorarse de su vida y sentir que esta, ¡merece la pena vivirla!

Photo by Artur Aldyrkhanov on Unsplash

 

MAMÁS

COMO MAMÁ, APRENDO Y ENSEÑO A VALORAR LA DIFERENCIA.

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El respeto a sí misma y a los demás, es uno de los valores que considero más importantes en la educación de mi hija.  Deseo que ella valore la diferencia y enriquezca su vida con la diversidad, a partir de aceptar, respetar y apreciar su propia individualidad.

Como mamá, simultáneamente aprendo a hacerlo, ya que aunque me considero una persona respetuosa y tolerante, me deleito al ver a mi hija jugar de inmediato con otros niños, sin reparar nada.

Pude ser consciente entonces, de cuánto yo misma necesitaba aprender a valorar la diferencia pues, es una lástima pero, como adulta estoy cargada de prejuicios automáticos e inconscientes, de lo que creo es bueno o malo y forma parte de la manera en el cual me relaciono.

Parámetro desde donde comparo y juzgo a los que considero diferentes, a través de pequeñas acciones cotidianas y en apariencia, inofensivas; como examinar, censurar, murmurar, satirizar o reprobar por la apariencia, la forma de pensar, las costumbres, los comportamientos o las creencias, generando sesgo de la realidad.

Hoy, consciente de ello y con un compromiso honesto, evito juzgar, para permitirme ver el mundo desde una nueva perspectiva y poder sentir como lo hacen los demás, para ser capaz de generar la empatía necesaria para superar mis prejuicios y poder aceptar, respetar, apreciar y enriquecer mi vida con la diversidad que el mundo tiene.

Así, confío en que mi hija aprenderá a valorar la diferencia, si yo misma lo hago, ya que cobra mayor importancia lo que hacemos, que lo que decimos y esta es realmente una manera de impactar su crianza, cuando soy coherente.

Photos by ketan rajput and  Ben Wicks on Unsplash

MAMÁS

MAMA PRESENTE

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Hace un tiempo, sentía que las horas se desvanecían, los días se me escapaban y los meses volaban. Con miles de metas por alcanzar y pendientes por cumplir pero, sin tiempo para lo irrelevante y mucho menos para lo importante. Con una necesidad de vivir siempre deprisa, ocupada e hiperconectada.

Así, cuando finalizó mi licencia de maternidad y debí regresar a trabajar, tenía un sentimiento de culpa, por no pasar más tiempo con mi hija, que intentaba compensar a través de lo que llaman, tiempo de calidad. Tiempo, que para ser honesta no apaciguaba este sentimiento de culpa.

Luego, descubrí por qué. Pese al tiempo que pasaba con ella, sentía que este no era suficiente y la culpa no desaparecía. La razón era que como en muchos otros momentos de mi vida, no estaba realmente presente.

Mientras intentaba conectar con mi hija, la tecnología se inmiscuía casi en cada segundo de mi vida. Así, de manera imperceptible, fui formando parte de mi cotidianidad, hábitos como interrumpir mis charlas o mis actividades por una notificación, un correo electrónico, un mensaje o una llamada.

Decidí entonces utilizar la tecnología a mi favor, para desconectar; teniendo como resultado, más espacios en “modo avión”, con más presencia en mi vida y en la de mi hija. Lapsos de tiempo, que hoy son mágicos, invaluables, memorables y sagrados.

Photos by Sai De Silva on Unsplash