MAMÁS

LAS EXPECTATIVAS QUE PONGO EN MI HIJA

Como mamá espero que mi hija sea feliz, realizada, independiente y respetuosa y sé que aunque su carácter y su personalidad son muy definidos, me es inevitable influir en ella, a través de la forma en que me comporto, las actitudes que asumo, las decisiones que tomo, las opiniones que tengo y como actúo.


Por ello, cuando reflexiono sobre las expectativas que pongo en ella, siempre trato de mirar hacia dentro, ya que a mí me tomó gran parte de mi vida darme cuenta que la mayor parte de mis expectativas las definía desde mi ego de cómo, cuándo y dónde deberían suceder las cosas y desde lo que, basada en mis percepciones, creencias, opiniones y juicios yo consideraba que era “lo bueno”.


Expectativas que me generaban ansiedad, porque esperaba que la vida funcionara como yo la había planeado y quería, siendo inflexible y negándome a ver todo el mundo de posibilidades que tenía a la mano.


Así, con mi hija trato de ser consciente de las expectativas que tengo y como las expreso en el presente, ya que aunque pueda tener la mejor intención, es importante cuestionarme si estas son reales y coherentes, o son imposiciones. Con esta consciencia, espero permitirle ser quien es y no lo que yo espero que ella sea.

Photos by S&B Vonlanthen and Morgan Lane on Unsplash

MAMÁS

5 Formas de Facilitar su Independencia

Al finalizar encontrarás todos los links de los artículos que les facilitan estas cotidianas tareas.

  • Ropa y zapatos cómodos que se puedan quitar y poner solos.
  • Permitirles que preparen y lleven su mochila con lo que necesitan.
  • Colocar sus platos, vasos y cubiertos a la mano.
  • Ubicar los alimentos saludables como frutas, verduras, pan, yogurt, etc. a la vista; lavados, desinfectados, cortados y a su alcance.

  • Disponer de todos los utensilios de aseo que les permitan realizar sus tareas de higiene.

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Photos by Gabriela Braga and  Daiga Ellaby on Unsplash

MAMÁS

LOS MIEDOS COMO MAMÁ

Esta foto me trae un vívido recuerdo, el primer día de colegio de mi hija y creo que es un día en el cual como mamá me asaltaron todos mis miedos, desde si el conductor manejaría bien el bus, temía un accidente, me preguntaba si mi hija se iba a sentir bien en esta nueva escuela, si tendría frio, si iba a hacer amigos, si se comería su merienda y fue inevitable que mi cerebro me mantuviera pensando en ello toda la mañana.

Romper con este patrón de inquietud había empezado para mí años atrás, como lo relato en mi primer libro, ya que en algún momento de mi vida pude ser consciente que mi malestar emocional provenía de la preocupación constante. Al ser madre, esta percepción permanente de peligrosidad resurgió, recreando en mi mente los peores escenarios.

Para mi fortuna, pude darme cuenta a tiempo que todas las preocupaciones en nuestra vida tienen su origen en el miedo; temor a la pérdida que mal gestionado puede llevarnos al apego y que como mamá me podía llevar a la sobreprotección, al sobrevalorar los riesgos y al mismo tiempo infravalorar la capacidad de mi hija y mía para afrontarlos.

Comprensión con la cual hoy sé, que las preocupaciones no dejarán de llegar pero, al ser consciente de ello, mi atención ya no va a todo aquello que no puedo controlar y permito a mi hija vivir a plenitud, posibilitando que tome decisiones, confiando en su capacidad de hacer las cosas, para que pueda superar sus propios retos, aprender de ellos y ser independiente.

Así, tengo la certeza de que, en quien más debo trabajar es en mí misma, para tener un claro límite de lo que es proteger a mi pequeña, sin coartar la autonomía que le permita fortalecer su autoestima, para no confundir el apego que surge del miedo, con el amor que surge de la confianza y el sosiego.

Photo by Omid Armin on Unsplash

MAMÁS

PARA TU PEQUEÑO, TODO ES NUEVO.

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Siempre que mi pequeña siente temor ante algo nuevo, intenta hacer algo que nunca había hecho o pregunta, ¿Qué es eso? ¿Cómo se dice? ¿Por qué? Caigo en la cuenta que para ella todo es desconocido y apenas está descubriendo el mundo.

Así es como, intento imaginar cómo se puede sentir a su corta edad, sí como adultos la incertidumbre nos genera temor, inseguridad, estrés y ansiedad. Con ello logro tener mayor empatía y poner todo en perspectiva.

Para anticiparme a explicarle qué esperar, responder a sus preguntas con detalle, simples palabras y paciencia; reafirmar que sentir temor ante lo desconocido está bien, que todos sentimos miedo y enseñarle a gestionarlo.

Así, sabe que aunque no puedo desaparecer el temor que siente, estoy a su lado para abrazarla y apoyarla siempre que lo necesite, y enseñarla a diferenciar que en la mayor parte de las veces no se encuentra ante un peligro real y confiar en que pese a  sentir el miedo, puede actuar para superarlo, sin que este le impida vivir a plenitud su vida.

MAMÁS

¿QUÉ ES UNA MAMÁ PERFECTA?

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Cuando me estrené como madre me asaltaron miles de dudas e inseguridades. ¿Mi hija está segura? ¿Lo estaré haciendo bien? ¿Habrá comido lo suficiente? ¿Esta respiración será normal? y un sinnúmero de preguntas más. Dudas que a medida que me sentía más cómoda como mamá, se fueron disipando.

Lo que no esperaba, fue el volumen de  mensajes de todo tipo y provenientes de todas las fuentes, acerca de lo que se supone que una buena madre debe ser y cómo debe criar a sus hijos. Personas cercanas y extrañas, padres y no padres, madres y no madres, expertos y no expertos, parecían tener una opinión al respecto.

Con lo cual deduje que, como en otros papeles de mi vida como mujer, en este tampoco me iba a escapar de los juicios, las críticas y las opiniones, que lejos de aportar, solo golpeaban mi autoestima, subestimaban mi labor y desvalorizaban mi género.

Por fortuna, supe reconocer que debía alejarme de todo este tipo de mensajes, para no correr el riesgo de caer en este estereotipo creado de “mamá perfecta” y por el contrario, reafirmar mi capacidad para elegir la forma en la cual quería vivir mi vida, interactuar con mi familia y tomar mis propias decisiones acerca de cómo criar a mi hija.

Por ello no temo que mi hija me vea fallar, llorar, fracasar, sentirme abrumada, sepa que no sé todo, que no siempre estoy glamorosa, que a veces necesito ayuda y me vea pedirla, que puedo ser impaciente y enojarme y que, aunque quisiera, no soy una chef ni una pastelera experta. Soy humana y soy vulnerable.

Ahora sé que las mejores respuestas siempre están en mi interior, actúo con amor y doy lo mejor; con la tranquilidad de que lejos de ser perfecta, soy yo, una madre real para mi hija.

Photos by The Honest Company on Unsplash

MAMÁS

UNA HIJA FELIZ

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Uno de los anhelos que tengo como madre, es que mi hija sea feliz. Que pueda descubrir quién es, para qué vino a este mundo y pueda ser ella misma. En lo que, su felicidad, se ha convertido en mi prioridad.

Entre tantas opciones y decisiones que tomar, sin duda, es una tranquilidad establecer esta como prioridad. Recordando propiciar cada día, un ambiente de alegría, optimismo y confianza.

Siendo consciente de mis propias emociones, para actuar con intencionalidad. Habilidad que aprendí, a través del proceso de convivir con una enfermedad crónica, tomando la decisión de no dramatizar la vida, para restablecer el balance, momento a momento, día a día.

Enfermedad que además, me enseñó que el dolor es inevitable en la vida pero, el sufrimiento es opcional. Por ello, sé que no puedo evitar el dolor en la vida de mi hija pero, confío darle las herramientas para que enfrente sus propios desafíos. Entendiendo que la felicidad no depende de nuestras circunstancias, de nada externo, ni es una meta futura que debamos alcanzar.

Por ello sin reprimir lo que sentimos y ser falsamente positivos, si espero que en mi hogar, ella pueda conocer cómo es la vida en todas sus facetas, dentro de un entorno emocional sano, rodeado de mucho amor y buen humor, para que aprenda a ver el lado favorable, pese a la adversidad y a asumir los errores, los fracasos y las dificultades, como oportunidades de mejora, cambio y crecimiento.

Encontrando satisfacción en lo que es, hace y tiene, para que pueda enamorarse de su vida y sentir que esta, ¡merece la pena vivirla!

Photo by Artur Aldyrkhanov on Unsplash

 

MAMÁS

MAMA PRESENTE

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Hace un tiempo, sentía que las horas se desvanecían, los días se me escapaban y los meses volaban. Con miles de metas por alcanzar y pendientes por cumplir pero, sin tiempo para lo irrelevante y mucho menos para lo importante. Con una necesidad de vivir siempre deprisa, ocupada e hiperconectada.

Así, cuando finalizó mi licencia de maternidad y debí regresar a trabajar, tenía un sentimiento de culpa, por no pasar más tiempo con mi hija, que intentaba compensar a través de lo que llaman, tiempo de calidad. Tiempo, que para ser honesta no apaciguaba este sentimiento de culpa.

Luego, descubrí por qué. Pese al tiempo que pasaba con ella, sentía que este no era suficiente y la culpa no desaparecía. La razón era que como en muchos otros momentos de mi vida, no estaba realmente presente.

Mientras intentaba conectar con mi hija, la tecnología se inmiscuía casi en cada segundo de mi vida. Así, de manera imperceptible, fui formando parte de mi cotidianidad, hábitos como interrumpir mis charlas o mis actividades por una notificación, un correo electrónico, un mensaje o una llamada.

Decidí entonces utilizar la tecnología a mi favor, para desconectar; teniendo como resultado, más espacios en “modo avión”, con más presencia en mi vida y en la de mi hija. Lapsos de tiempo, que hoy son mágicos, invaluables, memorables y sagrados.

Photos by Sai De Silva on Unsplash

MAMÁS

EL TIEMPO FUERA ES PARA MAMÁ

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Como mamá, me he volcado muchas veces en la crianza de mi hija, olvidándome por momentos de mí misma. De que soy mujer, de que soy pareja, de que pertenezco a una comunidad, de que tengo proyectos personales que realizar y de que tengo mucho que aportar.

Sin embargo, un día escuché que nuestros hijos no nos escuchan, nuestros hijos nos ven. Entonces, reflexioné, ¿Quién era la mujer que quería que mi hija viera en mí?

Así, decidí tomar un tiempo fuera cada día. Tiempo fuera para mí misma, para emprender mis proyectos, para meditar, hacer yoga, tomar un café con amigas, un vino con mi esposo, disfrutar espacios de silencio.

Encontrando que al dedicarme este tiempo, más compasión y empatía tengo por mí misma, más me conozco, tengo mayor consciencia, aprendo cada día y crezco.

Así es como, desde el amor propio y la paz interna que siento, en mayor disposición estoy de compartir tiempo de calidad con mi hija, más agradecida estoy de tenerla en mi vida, más disfruto cada momento de su compañía, con mejor actitud asumo los desafíos y más orgullosa me siento de la mujer y madre que mi pequeña ve cada día.

Photos by Amelia Bartlett and Toa Heftiba on Unsplash

MAMÁS

SOY MAMÁ, SOLO SÉ QUE NADA SÉ…

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No importó cuánto me anticipé, planee, leí o intenté estar lista para la llegada de mi hija. En ese momento sentí que nada pudo prepararme para este cambio en mi vida, un sinnúmero de emociones intensas mezcladas y el sentimiento de amor en su estado más puro por este pequeño ser, que irrumpió con una fuerza avasallante en mi vida, cambió por completo mis prioridades, acaparó toda mi atención y trasformó por completo mis rutinas.

Sin embargo, con el pasar de los días, las semanas y los meses emergieron la fortaleza, la seguridad y la capacidad que ni siquiera sabía que tenía y justo cuando me sentía más confiada, dominaba más ámbitos y retomaba el control, mi pequeña empezó una nueva etapa, que nuevamente me retaba, me desorientaba y me hacía reiniciar el proceso para reinventar mi crianza y mis rutinas.

Así han transcurrido los 5 años más felices, caóticos, mágicos y extraordinarios de mi vida, donde lo único que sé es que cada día con un profundo amor, hago lo mejor que puedo hacer y doy lo mejor que puedo dar, en una disposición permanente de aprender de esta maravillosa bendición de ser Mamá.

Soy Mamá, solo sé que nada sé.

Photos by Wesley Tingey  and Jonathan Gallegos on Unsplash

 

MAMÁS

LA VIDA QUE EMPIEZA CON UNA HIJA

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Tras varios años de matrimonio era usual la pregunta de: ¿Para cuándo un hijo? y lo que en principio era molesto, al final hasta nos resultaba cómico, al recibir incluso recomendaciones sobre médicos especialistas en fertilidad, ya que muchas personas asumían que teníamos problemas para concebir un hijo.

La realidad es que aunque no habíamos tomado una decisión al respecto, éramos plenamente conscientes de que al tener un hijo, este merecía todo nuestro amor y dedicación y en esta etapa de nuestras vidas, nuestra atención se centraba en nuestras carreras profesionales.

Aplazamiento de una decisión de vida, que sin lugar a dudas, nos dio tiempo para disfrutar y fortalecer nuestra relación de pareja. Fue así, como transcurrió rápidamente el tiempo y personalmente empecé a pensar en la maternidad alrededor de los 35 años, lo que luego se convirtió en una decisión de pareja.

De esta manera, nuestra hija fue muy deseada, amada y esperada, e incluso, ahora reconozco como madre una sensación especial, que es difícil explicar con palabras pero, que en su momento sentí como si fuera un llamado especial del universo, con una señal muy clara, que al final hizo posible este encuentro de amor con nuestra hija.

Así, con su llegada, tuve y tengo la certeza de que todo es como debe ser y que nada sucede por casualidad en nuestras vidas.

Photos by Simon Matzinger and kids&me Germany on Unsplash