Completa esta frase, Yo soy…
Piensa cuál fue la primera palabra que apareció en tu mente, ¿De dónde salió esa palabra?
Quizá esa palabra da sentido a algo que viviste, es lo que los demás creen que eres o la has repetido tanto que con el tiempo se convirtió en una verdad.
Y ese es el problema, no tu respuesta para la pregunta “¿quién soy?”. Todos la tenemos, sino que no nos detenemos a reflexionar sobre ella.
¿Qué es el autoconcepto?
Hay muchas definiciones psicológicas sobre el autoconcepto, pero, hoy quiero proponerte una mucho más sencilla. El autoconcepto es esa respuesta automática que aparece cuando te preguntan, ¿Quién eres?
Y aquí ocurre algo que, que cambia por completo la forma de entender este tema, porque tu cerebro no trabaja para convertirte en la persona que quieres llegar a ser, es coherente con la persona que crees que ya eres.
De esta manera, si crees que eres una persona insegura, tu cerebro interpreta lo que te ocurre para confirmar esa idea. Si un día hablas con seguridad, pensará que fue una excepción. Pero, si dudas una sola vez, dirá, “¿Ves?, siempre supimos que éramos inseguros”.
No porque quiera sabotearte, sino porque tu cerebro necesita coherencia. Entonces, cada vez que dices “yo soy…”, no solo te estás describiendo, también le estás dando a tu cerebro la instrucción de que busque la evidencia para confirmarlo. Por eso esas dos palabras, “yo soy”, tienen mucho más poder del que imaginamos.
Ahora bien, si nadie nace creyendo que es un fracaso, que no es suficiente o que es incapaz para lograr algo,
¿De dónde salió ese “yo soy”?
Y me atrevo a decir que casi siempre nace de uno de estos tres lugares:
El primero es el pasado
Cuando vivimos una experiencia muy dolorosa y, sin darnos cuenta, dejamos de hablar de lo que pasó, para empezar a hablar de quién creemos que somos tras esa experiencia.
De esta manera, no es lo mismo decir “Viví una pérdida”, que decir, “Yo soy una persona rota”. La primera frase habla de un hecho, la segunda ha pasado a formar parte de tu identidad.
Sin embargo, nuestro pasado puede explicar muchas cosas, pero, solo nosotros le permitimos definirnos.
La segunda es de una personalidad limitante
También el autoconcepto puede surgir de algo que repetimos durante tantos años que terminó siendo parte de nuestra personalidad. Como por ejemplo, cuando alguien dice, “Yo soy tímido”.
Pero, nunca se detiene a preguntarse si realmente está describiendo su personalidad… o una habilidad social que nunca desarrolló. Lo mismo pasa con alguien que afirma, “Yo soy malo para vender”. Pero, ¿realmente nació siendo malo para vender? ¿O simplemente nunca aprendió a hacerlo?
Porque hay una diferencia enorme entre lo que somos y el desarrollo de una habilidad; ya que las habilidades se pueden entrenar. Pero, muchas personas pasan años defendiendo una identidad que jamás pusieron a prueba.
Tercero, de la voz de alguien más
Hay también un tercer lugar del que nacen muchas de esas palabras y, quizá, es el más silencioso de todos, la voz de alguien más.
Porque te aseguro que hay personas que dejaron de hablarte hace veinte años o más y, sin embargo, todavía hablan dentro de ti. Un maestro, un padre, tu expareja.
Alguien que un día te puso una etiqueta y, con el tiempo, esa opinión dejó de ser una opinión para convertirse en tu carta de presentación. Porque pasaste de pensar que algún día “alguien te hizo sentir que no eras buena o suficiente” a decir, “Yo no soy bueno en…” O, peor aún, “Yo no soy suficiente”.
Y ahí es donde creo que vale la pena detenernos, porque quizá hoy lo que necesitas no es construir una identidad nueva, sino permitir que emerja tu verdadera identidad, dejando de defender esa que nunca elegiste.
Observa la historia detrás de tu “yo soy”
Por eso no quiero terminar diciéndote que empieces a repetir afirmaciones frente al espejo, porque creo que hay un paso anterior y, para mí, es mucho más útil.
Durante esta semana no intentes cambiar ninguna palabra, solo obsérvala. Abre una nota en el celular y cada vez que digas “yo soy…”, escríbela. Pero, no te juzgues, solo descubre cuál es la historia detrás de ese “yo soy” que llevas años contándote sin darte cuenta.
¿Sigue siendo verdad hoy?
Porque puede que no estés diciendo quién eres, sino simplemente repitiendo una palabra de lo que crees que eres y nunca te detuviste a cuestionar.
Cuestionar lo que creemos también es una forma de libertad
Soy María Montero, autora del libro Ponlo en duda. Despierta. Cuestiona. No tragues entero.
Porque cuestionar lo que damos por cierto es una de las formas más poderosas de recuperar nuestra libertad. Y quizá, después de observar lo que dices cuando afirmas “yo soy”, descubras que algunas de esas palabras nunca fueron realmente tuyas.